CARLO ACUTIS UN SANTO DE LA ERA MODERNA

CARLO ACUTIS UN SANTO DE LA ERA MODERNA

Carlo nos enseña que todos podemos ser santos si dejamos que Jesús transforme nuestra vida diaria.
Sigamos su ejemplo: vivir con alegría, amar a Dios en lo pequeño y nunca olvidar que el cielo es nuestra meta.

Veo al joven Carlo Acutis, en su tumba transparente, que se encuentra en la iglesia de Santa Maria Maggiore, en Asís, con un «outfit» de un chaval de hoy: una chaqueta de chándal, unos vaqueros y unas Nike. Su rostro le muestra sereno, alejado de cualquier rechazo visual que pudiera provocar contemplar a un fallecido. Realmente tiene una cara de pureza, de bondad, de Santo. Es un “ídolo” para todos los jóvenes de hoy. A Acutis se le ha rebautizado como el «influencer» de Dios. El primer santo de la generación «millennial» utilizó sus redes sociales como medio de evangelización, con la mirada puesta en la eucaristía como epicentro en el que alimentar la fe.

Fue un niño muy especial, un enviado De Dios para guiar a todos los jóvenes. Fue el “raro” de clase, el más especial e inteligente, el que sentía que no encajaba. Sus frases resuenan con fuerza dentro de mí, le cito: «De qué sirve ganar 1.000 batallas si no puedes vencer tus propias pasiones. La verdadera batalla tiene lugar dentro de nosotros mismos.»

Escribió reflexiones propias de alguien con una interioridad brillante: «Nuestra meta debe ser el infinito, no el finito. El infinito es nuestra patria. Desde siempre, el cielo nos espera». Pero, sobre todo, con capacidad para actualizar el mensaje eclesial con frases como «Todos nacen como originales pero muchos mueren como fotocopias» o «la eucaristía es mi autopista hacia el cielo».

Es verdad que el mundo digital puede ponernos ante el riesgo del ensimismamiento, del aislamiento o del placer vacío. Pero no podemos olvidar que hay jóvenes que también en estos ámbitos somos creativos y a veces geniales. Es lo que hacía el joven siervo de Dios Carlos Acutis. Le abrazo, le rezo, le pienso. Ojalá muchos jóvenes perdidos y sin fe, sigan su luz y se acrecen a la bondad, al bien y a Dios.

La Iglesia rejuvenece el santoral consiguiendo así un punto de atracción para una nueva generación de católicos.

A Carlo se le diagnosticó una de las peores leucemias y al entrar al hospital le dijo a su madre “de aquí ya no salgo”. Y así fue, falleció con tan solo 15 años cuando estaba en bachillerato.
Diría a sus padres: «Ofrezco al Señor los sufrimientos que tendré que padecer por el Papa y por la Iglesia, para no tener que estar en el Purgatorio y poder ir directo al cielo».

El día de su entierro asistieron muchas personas que su madre no conocía, mendigos, personas sin hogar, niños e inmigrantes, que expresaron su gratitud por lo que Carlo había hecho por ellos y que ella desconocía. Su madre, Antonia dijo: «Un montón de gente me hablaba de Carlo, y yo no sabía nada. Me daban testimonio de la vida de mi hijo, y yo me sentía huérfana».

Y es que todos los jóvenes necesitamos referentes de nuestro tiempo, de nuestra realidad, de nuestras situaciones, vernos reflejados en otros chicos como nosotros que han sido capaces de dar respuesta a lo que les pasaba y sucedía a su alrededor desde la fe y desde su vivencia en Cristo. Y así es con nuestro nuevo Santo. Su vida nos enseña que la santidad no está fuera de nuestro alcance.

Martí Guarch Director de cine

Martí Guarch Director de cine

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