CARTA AL PRESIDENTE SÁNCHEZ

CARTA AL PRESIDENTE SÁNCHEZ

Señor presidente:

Al ponerme a redactar la presente epístola dirigida a la persona que ostenta el honroso cargo de ser el presidente del Gobierno de España, he pensado; ¿cómo hacerlo para no faltar al respeto a tal insigne personaje?

Sé que es difícil que usted me considere, siquiera, como alguien que merezca su atención y menos aún, su respeto. Aunque señor presidente, como se dice en el lenguaje popular; «el respeto no se regala, se gana».

Se lo digo porque, desde el primer día que ejerció como presidente del Gobierno de España, usted dejó bien claro que, más de tres millones de personas no merecían ser escuchadas por usted, al pertenecer o votar a un partido que no encaja en su, demostrada incapacidad de entender que, un presidente, lo es de toda la ciudadanía a la que sólo por principios, usted, debiera representar. Por lo que, al ser votante de ese partido político y no contar con su respeto, tampoco tiene el mío. No obstante, por el cargo que ostenta, no por usted, debo de ser respetuoso.

Dicho lo cual, no me ha sido necesario pensar demasiado en que modismo debo dirigirme a usted, llegando a la conclusión que, basta con utilizar un lenguaje parecido al que posiblemente utilizaron el cuarteto del famoso «Peugeot», así…, algo distendido, muy progresista, pero sin obscenidades. Tampoco demasiado correcto para que se sienta usted señor presidente, como en casa, con algún adjetivo, a modo de las expresiones que suelen utilizar los políticos desde la tribuna de las Cortes Generales y así, me he puesto a ello.

Señor presidente; Pedro Sánchez Castejón, como español, tengo todo el derecho de dirigirme a usted, máxime, cuando llevo demasiados años ya, soportando sus mentiras, cambios de opinión, vanidades, cinismo y también, por qué no, su chulería.

Llevo años intentando buscar una explicación a, cómo es posible que los españoles tengamos que soportar a sujetos que ocupen el cargo de presidentes del Gobierno de España, como los señores: Aznar, Zapatero y, claro, usted mismo. Cada uno, con su diferente personalidad, pero con insultante arrogancia. Respecto de los señores: Suárez, Calvo Sotelo, González y Rajoy, con más sombras que luces, al menos, mantuvieron a salvo la dignidad de España…, en el exterior.

El primero, firmó el «Pacto del Majestic». Casi nada…, las bases para fomentar el nacional-fascismo, con el; «res —que no, molt», honorable, presidente de la Generalidad de Cataluña; Jordi Pujol, el heredero del «avi», el «cabeza de familia» de aquel «clan» familiar catalán que se hizo multimillonario, con lo mucho que se les consintió hurtar a todos los españoles, incluidos también a sus seguidores y aborígenes en Cataluña y, todavía no ha sido juzgado.

El segundo, ese mamarracho con ínfulas de; «supervisor de nubes, acostado en una hamaca y mirando al cielo», lo dijo él, no yo. Sólo aceptadas por dirigentes tiranos con similares afinidades y pensamientos, se trata de alguien con el nombre de; José Luis y apellido de su abuelo materno; Zapatero.

Claude Chabrol, dijo: «La tontería es infinitamente más fascinante que la inteligencia. La inteligencia tiene sus límites, la tontería no».

El referido personaje, alcanzó la presidencia del gobierno después de un execrable atentado en Madrid, del que hodierna todavía, poco de la verdad sabemos, salvo que el líder de la oposición, él mismo, sabía más que el propio gobierno.

El mismo «docto», es recordado también por aquello de: «Apoyaré la reforma del Estatuto que apruebe el Parlamento catalán», sembrando entonces, lo que vivimos en el año 2017. Tampoco me olvido, cuando bramó sobre el final de ETA: «Dentro de un año, estaremos mejor que hoy». Al día siguiente, hubo un atentado en la T4 de Barajas. Seguramente un merecido «reconocimiento» de los malditos asesinos etarras.

¿Qué negociaría semejante botarate con el «hombre de paz», como tituló al etarra Otegui, para sólo él, creerse ese anuncio…?

Ya lo dijo: Edgar Allan Poe: «Tengo gran fe en los tontos, autoconfianza le llaman mis amigos».

Y años después, nos llegó caído de una moción de censura, usted, presidente Pedro Sánchez Castejón.

La explicación he concluido que, sólo puede deberse a una merecida penitencia, derivada de la generación que en el año 1978 aprobó una desleal Constitución.

Como ya mencionaba el marqués de Santillana; don Íñigo López de Mendoza y de la Vega, en: Los refranes que dicen las viejas tras el fuego: «Con esos poluos se fizieron esos lodos». Nuestros hijos y nietos, deben expiar aquel monumental error.

Sólo haré referencia a unas pocas acciones y decisiones que usted. Señor presidente ha tomado. Hacer un amplio inventario, llevaría a redactar una extensa obra literaria.

Desde el mismo momento en el que usted ganó la moción de censura al presidente Rajoy, cuando entre otras muchas frases, el 28 de mayo del año 2018, dijo aquella de:

            «… Formaré un Gobierno, que garantizará que «cumplirá y hará cumplir la Constitución española», que preservará la «convivencia» y el cumplimiento del «ordenamiento constitucional». Aviso, por tanto, a las formaciones separatistas y nacionalistas. También será un Gabinete que «cumplirá con sus compromisos» como Estado miembro de la UE, y que se propone «regenerar la vida democrática» del país, poner en marcha «una agenda social», atender «las urgencias sociales» y también para «convocar elecciones», pero no rápidamente, nada más alcanzar La Moncloa».

Reconozco que, al no tener un doctorado, ni siquiera una carrera universitaria, aunque fuera «plagiada», lo de; «nada más alcanzar la Moncloa», creí entender eso…, «…de forma inmediata». Pues no, usted tardó en convocar nuevas elecciones unos cuantos meses más tarde, concretamente para el 28 de abril del año 2019, casi un año después del paripé de la moción…

Durante ese periodo ya se dio una circunstancia lo suficientemente vergonzosa como para que un presidente del Gobierno de España, presentara de forma irrevocable su dimisión. Me refiero al algo más del 20% de plagio descubierto en su tesis doctoral, según desveló; Javier Negre, en su artículo del 18 de septiembre de 2018 publicado en el diario El Mundo.

Señor presidente, le aconsejo aquello que dijo; Pierre-Jules Renard: «De vez en cuando di la verdad para que te crean cuando mientes».

Durante la campaña electoral del 2019, usted hurtó la verdad de sus intenciones a sus propios votantes, cuando dijo aquello de: «No dormiría tranquilo, si pusiera ministerios clave en manos de Unidas Podemos…».

En el mes de octubre de 2019, usted aseguró en una declaración institucional que; «… los condenados por el «procés», cumplirían íntegramente las penas».

¿Mentira o cambio de opinión…?

En el año 2020, Pablo Iglesias Turrión, fue su vicepresidente segundo. Sin duda su intención no era mentir, tan sólo cambió de opinión, ¿verdad?

¡Nuevo cambio de opinión! Caramba, señor presidente Sánchez, debiera usted conocer lo que dijo el poeta Alexander Pope: «El que dice una mentira no se da cuenta del trabajo que emprende, pues tiene que inventar otras mil para sostener la primera», o simplemente es que usted se cree un prohombre, pero realmente es usted un sujeto muy «voluble».

He de confesarle señor presidente, que nunca me ha despertado empatía, pero el momento culminante de su desvergonzado cinismo llegó, cuando durante una entrevista en su RTVE, se le pregunta: ¿Cómo traerá de vuelta a España a Carles Puigdemont?, usted responde: ¿La fiscalía de quién depende…, del gobierno? ¡Pues ya está? […].

Señor presidente, desde entonces no puedo dejar de anteponer a su nombre, otro, el de «sátrapa». Su demostrada forma de gobernar, despótica y arbitraría, sin el más mínimo disimulo de su carácter autocrático que, además —según mi pensamiento—, desvela sus intenciones de perpetuarse en el poder. Eso sí, aludiendo que lo hace para evitar que gobierne la derecha. O sea, encima, se autotilda como lo hizo el inolvidable; Jose Luis López Vázquez en su papel de Fernando Galindo: «Un admirador, un esclavo, un siervo y un amigo». ¿De España, o de usted mismo?

Desde el máximo respecto, señor presidente, usted no tiene vergüenza…

En el mes de julio del año 2021, el Tribunal Constitucional, siendo presidente del mismo, don Pedro González-Trevijano, declaró inconstitucionales los apartados 1; 3  y 5 del artículos 7 del R.D. Ley 463/2020 de 14 de marzo, por los que se declaró el estado de alarma para la gestión del llamado COVID-19, que usted promulgó al frente de su gobierno y claro, atendiendo los consejos del «Comité de Expertos», que luego resultó no haber existido ningún «comité», más allá, de un equipo de técnicos del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias (CCAES), liderados por el ínclito; Fernando Simón.

En mi panoli opinión, ese revés del Tribunal Constitucional debiera haber supuesto una vez más, su irrevocable dimisión, más que nada, por la demostrada incapacidad al tomar tan graves determinaciones, poco meditadas y con tan irreparables consecuencias. Pero pensé que, una mente tan conservadora como la mía, no era capaz de entender a alguien tan progresista como usted, señor presidente y, entonces recordé aquella frase del filósofo; Bertrand Arthur William Russell, que me tranquilizó: «El problema de la humanidad es que los estúpidos están seguros de todo y los inteligentes están llenos de dudas».

Y llegaron las elecciones del año 2023 que usted y su partido perdieron en votos y esa misma noche sale usted gozoso y muy ufano, diciendo aquello de: ¡«Ahora somos mayoría los que aspiramos a un cambio auténtico»!

¡Por Dios!, pensé entonces en aquella comedia de José Juste: «Que Dios nos pille confesados».

El tiempo me ha dado la razón y usted ha significado un serio peligro para España y los españoles, según mi criterio, claro.

Usted señor presidente, se llena la boca aludiendo a una «mayoría progresista», en referencia a la aprobación de leyes que, en cualquier parlamento digno, no superarían la prueba del algodón. Pues bien, mi aborrecido presidente, usted dispone de una mayoría compuesta por comunistas, correligionarios de asesinos, secesionistas y de un prófugo de la justicia española de derechas, igual que los nacionalistas del PNV, ¿dónde esta esa mayoría de progreso? Aprovecho para recordarle que, según la RAE, «progreso», significa: acción de ir hacia delante. Sin embargo, cuando gobiernan los socialistas, siempre vamos hacia atrás.

Noel Clarasó i Serrat, dijo: «Nadie puede cambiar su pasado, pero todo el mundo puede contarlo al revés».

No obstante, con todo lo anterior, la mayor infamia para los españoles, sus votantes incluidos, ha sido la sumisión a los correligionarios de ETA, configurados políticamente en Bildu y con los fascistas-secesionistas catalanes de toda ideología. Usted presidente, no merece ni perdón, ni olvido.

Señor presidente, Pierre Corneille dijo: «Quien perdona fácilmente invita a la ofensa».

Y llegó la amnistía, exigida por el delincuente por sentencia firme, fugado de la justicia española, el fascista-secesionista; Carles Puigdemont. Tantas veces negada por usted, hasta en cuatro ocasiones… Pero antes se aseguro el tiro, poniendo en el Tribunal Inconstitucional a un buen lacayo, quién mejor que aquel dispuesto a mancharse la «toga con el barro», Conde Pumpido, ¡casi nada!

Realmente, no hay palabras para definir su potencial como el líder sátrapa que es. Me duele en el alma coincidir con ese individuo, uno de sus ministros: Oscar Puente, cuando dijo aquello de es: ¡«el puto amo»!

Hay muchas acciones más, pero no quiero cansarle señor presidente, recordándole lo que usted ya conoce y toda España, también.

Termino con una petición a la que me considero con todo derecho como español, que no es otra que pedirle…, no ¡exigirle!

Su inmediata e irrevocable dimisión por suponer una vergüenza como presidente de España, como persona, como dirigente e incluso como español, ya que usted, señor presidente antepone su ansia de poder, al legitimo interés de los españoles y de España, que están por encima de lo personal. Prueba de ello, su última aportación a la separación de poderes, cuando tilda a los jueces de prevaricadores cuando dice: «que  hay jueces haciendo política». Perfecto ejemplo de respeto a la democracia.

Señor presidente, si usted no decide abandonar el cargo que tan indignamente ostenta, seremos finalmente los españoles los que en paz o por la fuerza, le presentemos ante la justicia para que rinda cuentas de sus fechorías.

Así que, parafraseando en parte al poeta mexicano; Francisco de Asís de Icaza y Beña, le recuerdo que:

            «No hay nada en la nada, como el honor de haber nacido en España».

Firmado: Luis Antonio Eduardo Torres Píñar

Cita: «El orgullo de se español no engaña. Significa: Honor, entrega, solidaridad y, la infinita lucha por su Unidad». (Luis Æ. Torres Píñar).

Luis A E Torres Píñar

Luis A E Torres Píñar

Luis Antonio Eduardo Torres Píñar, conocido simplemente como Luis, nació en Barcelona en el seno de una familia estructurada y siendo el menor de tres hermanos. Aunque no destacó académicamente, desarrolló una sólida formación autodidacta a través de la lectura y la redacción de textos jurídicos, lo que le permitió dominar un lenguaje preciso y técnico. A lo largo de su vida ha desempeñado numerosos trabajos, desde mensajero hasta director de empresas, acumulando una experiencia tan diversa que se define como alguien útil "para un roto y un descosido". Sus grandes pasiones son la familia, la lectura, la escritura y la navegación. Hoy se dedica plenamente a la escritura y al periodismo, con algunos guiones escritos para series basadas en sus libros.

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