ISRAEL, HAMÁS Y LA VERDAD INCÓMODA DE UN CONFLICTO ETERNO
La historia que no se puede ignorar
El pueblo judío ha sido uno de los más perseguidos de la historia. Desde la destrucción del Templo de Jerusalén por Roma, pasando por expulsiones masivas en Europa, los pogromos en Rusia, hasta culminar en el Holocausto nazi que exterminó a seis millones de personas, los judíos han vivido siglos de hostigamiento.
Ese trasfondo explica por qué en 1948, cuando se fundó el Estado de Israel, no fue un capricho político, sino una necesidad vital: un refugio seguro para un pueblo que había sido sistemáticamente acosado y aniquilado. Como dijo David Ben-Gurión al proclamar la independencia: “El pueblo judío, tras su prolongado sufrimiento, recupera en su propia tierra su derecho natural a ser dueño de su destino.”
Israel nació con heridas abiertas y con una determinación clara: nunca más permitir que su pueblo quedara indefenso. Ese “nunca más” es hoy un principio rector de su política de seguridad.
La actualidad que duele
El 7 de octubre de 2023, Hamás, organización que gobierna Gaza desde 2007, perpetró una masacre en territorio israelí. No se trató de un enfrentamiento militar, sino de una embestida brutal contra civiles: jóvenes asesinados en un festival de música, familias enteras masacradas en sus casas y más de doscientos secuestrados. El presidente de Israel, Isaac Herzog, lo resumió con crudeza: “No fue un ataque militar. Fue una masacre de civiles, un pogromo en pleno siglo XXI.”
La respuesta de Israel fue inmediata y masiva. El primer ministro Benjamín Netanyahu lo expresó con claridad: “Estamos en guerra, y venceremos. Nuestra guerra no es solo contra Hamás, es contra la barbarie.”
Aunque la ofensiva militar ha provocado un dolor enorme en la población civil de Gaza, conviene no perder de vista un hecho central: Hamás gobierna a los palestinos desde la violencia, desde la inmoralidad y desde la instrumentalización del sufrimiento de su propia gente. Gaza es rehén de Hamás tanto como objetivo de Israel.
Las Naciones Unidas han reconocido el derecho de Israel a defenderse (resolución 1368, 2001, aplicada contra el terrorismo tras el 11-S), pero han pedido proporcionalidad en la respuesta. Sin embargo, lo que la ONU llama “proporcionalidad” no significa renunciar a eliminar una amenaza existencial.
Mi opinión: Israel no solo se defiende, nos defiende
Aquí no caben equidistancias. Israel tenía y tiene derecho a una respuesta contundente. Ningún Estado del mundo permitiría que una organización terrorista asesine a sus ciudadanos y gobierne impunemente a su vecino. La inmoralidad de Hamás no puede maquillarse con discursos de resistencia: es un grupo terrorista, y gobierna Palestina como tal.
Además, hay que ser claros en la lectura geopolítica: Israel no solo lucha por su supervivencia, está conteniendo el avance de un islamismo radical que amenaza también a Europa. El pensador francés Bernard-Henri Lévy lo advirtió: “Quien abandone a Israel, abandona a la democracia. Y quien abandone a la democracia en Israel, la perderá en Europa.”
El conflicto Israel–Palestina es trágico, sí. Pero no se resuelve con frases vacías de “paz para todos” mientras se tolera que un grupo terrorista dicte el futuro de millones de palestinos. Israel se defiende, y al hacerlo, también defiende un modelo de vida que compartimos en Europa: libertad, democracia y civilización frente al fanatismo.
