Los jugadores en su Euskadi

Los jugadores en su Euskadi

Dicen los anales de la historia que ETA nació el 31 de julio de 1959, festividad de San Ignacio de Loyola. La mística y la épica de milicia y religión no han pertenecido en exclusiva a los descendientes del santo, han permeado en ese mismo espíritu levantisco a quienes han hecho del retorno al pasado su divisa durante tres guerras carlistas, llegaría a manifestarse en la semántica terrorista, en la que los etarras se autodenominarían gudaris, esto es, soldados. Con el título precisamente de “Soldados de la muerte”, escribiría el profesor Fernando Reinares su ensayo de 2001, en el que relataba el singular hecho de un terrorista de ETA que recibía los sacramentos de la confesión y la comunión antes de perpetrar un atentado.

Más de 65 años después, aquel grupúsculo de jóvenes que se enfrentaban a sus padres porque hacían caja con el franquismo y se negaban al arriesgado proselitismo nacionalista, están acariciando con sus dedos el poder que, generación tras generación, los nacionalistas de Sabino Arana les negaban. “Estos chicos… no son malos, pero están equivocados”, entonaban, entonces condescendientes, los peneuvistas mientras advertían con satisfacción el ruido de las nueces que caían del árbol agitado por sus vástagos.

En rigor, la cuestión vasca actual se reduce al combate -eso sí, sin tregua- entre los hijos y nietos de aquel bilbaíno cuya familia era propietaria de unos astilleros que construían barcos de madera y que la industrialización convertiría en tecnología obsoleta. Quizás por eso Arana odiaba a los nuevos tiempos y se abrazaba al Antiguo Régimen, remozado con el romanticismo victimista que conoció en Barcelona. Aportaría a la causa nacionalista la ikurriña -un trasunto de la Unión Jack británica-, la nomenclatura del nuevo santoral vasco que ideaba para que sus seguidores ideológicos no bautizaran a sus hijos con nombres españoles y alguna que otra canción y algún que otro relato que convertía la historia vasca en un sólo comprensible rompecabezas para los que profesaban sus propósitos.

Son PNV y Bildu los jugadores principales en el escenario político vasco. Los dos nacionales (PSOE y PP) son sólo secundarios. Hubo, eso sí, dos asomos de excepción: las elecciones vascas de 2001, en las que PP y PSE-PSOE estuvieron a punto de derrotar al PNV, y el tiempo en el que Patxi López ejerció de lehendakari (2009-2012). Uno y otro intentos se saldarían con idénticos fracasos en la reversión de la estrategia nacionalista.

Colaboran hoy las dos fuerzas, sustantivas, del nacionalismo con la adjetiva del PSOE en las tareas de liberar a los presos etarras, colmar, hasta desbordarlas, las previsiones estatutarias -ahí está la extralimitación del cupo como referencia para definir económicamente las competencias que no hacen referencia al ámbito de la fiscalidad- y acaso el pacto de un nuevo estatuto.

Se está hurtando a la población vasca -y al conjunto de la española- la noticia de lo que Moncloa y Abando -en este último barrio de Bilbao se encuentra la sede del PNV- están trenzando. Prefieren, estos profetas de la regeneración y de los gobiernos de progreso, la negociación oculta a la transparencia, los cenáculos privados a la “luz y taquígrafos” que don Antonio Maura practicaba como procedimiento de gobierno.

¿Qué doble nacionalidad estarán pactando socialistas y nacionalistas de las dos ramas en la que se vertebran éstos? ¿En qué momento asegurará Sánchez que Euskadi y España son dos naciones diferentes? ¿En qué artículo del nuevo y flamante estatuto aparecerá todo esto? ¿Qué procedimiento de referendo consultivo convertirá un estatuto inconstitucional en la clave para la pretendida solución -una vez más- del “conflicto vasco”?

Los interminables estertores del gobierno socialista que rehúye al parlamento, desoye el mandato constitucional de presentar los presupuestos, coloniza las instituciones y fustiga a los jueces que les persigue y encausa, encuentran su basamento en el nuevo estatuto vasco que preparan, y que asestará un golpe de gracia más a la estructura constitucional que estableció las bases de nuestra convivencia en el año 1978. A la debilidad socialista se unirán con ferviente entusiasmo PNV y Bildu que, a pesar de sus aparentes diferencias, se parecen entre ellos como las gotas de agua de la lluvia, con la sola diferencia de que una tormenta cayó anteayer y la otra ayer mismo. Las dos pretenden la misma independencia subvencionada por el Estado, las dos quieren distinguir entre los vascos nacionalistas y los que no lo somos -concediendo, por supuesto, más derechos a los primeros y negándolos a los segundos-, las dos construyen un muro con el euskera entre quienes lo hablan y los que no.

El juego de los jugadores titulares del equipo de su Euskadi consiste en permanecer en el poder o hacerse con él, el de los suplentes socialistas el de ayudar a unos o a otros a conseguir sus objetivos. La mirada de los primeros está puesta en Ajuria Enea, las Diputaciones Forales y los Ayuntamientos… y, por supuesto, Navarra, a la que a marchas forzadas están integrando en el territorio vasco. El juego de los suplentes está en retener la Moncloa, sin presupuestos pero con capacidad para los nombramientos y la presión en contra de quienes les persigan. La Moncloa como covachuela en la que protegerse de las inclemencias de los tiempos y a la espera de que algún nuevo cataclismo devore a sus contradictores. No desesperan en ese intento, porque siempre han sido mejores meteorólogos que sus opositores, que esperan además en espacio abierto y a merced de los elementos a que llegue su momento.

Y, entretanto, los descendientes de Arana Goiri (Sabino) están a recoger las nueces que saltan del árbol que ahora les agita Pedro Sánchez.

Plus ça change, plus cest la même chose”.

Fernando Maura

Fernando Maura

Abogado economista por la Universidad de Deusto. Concejal en el Ayuntamiento de Bilbao (1983-1987) y parlamentario vasco (1990-2007). Refundación del Partido Popular, siendo secretario general del PP del País Vasco. Miembro del Parlamento Europeo (2014-2015), vicepresidente del grupo liberal (ALDE). Diputado de Ciudadanos (2016-2019). En la actualidad es promotor del foro LVL de política exterior y del foro 1876 de análisis del periodo de la Restauración canovista.

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