TRUMP, UCRANIA, RUSIA, OTAN, EUROPA
Trump nos trae novedades importantes, viendo el lado bueno de lo que comienza en su andadura.
Es cierto que Trump será otro más de la serie de presidentes americanos que sigan la estela de su imperialismo depredador; pero, al menos, corrige el rumbo de las guerras inducidas en diferentes áreas geopolíticas mundiales con el resultado de la desestabilización de áreas enteras de zonas geográficas extensas, con fines de hegemonía, de control y dominios mundiales o para la gestión interesada de los recursos energéticos y elementos naturales fundamentales para llamada Inteligencia Artificial.
Es de esperar que Trump consiga que se termine la Guerra de Ucrania, que ha ocasionado una reducción drástica de población joven en ese país, y de muchos componentes del ejército ruso.
Recordemos, porque con la avalancha de noticias en directo nos olvidamos del origen de dicho conflicto, que nace del Maidan, con tensiones tras el derrocamiento del presidente prorruso en Ucrania, electo en el lustro del 2005 al 2010, tras las maniobras de la plutocracia de la U.E; para atraerse hacia sus intereses a Ucrania. La pregunta es si todo este proceso nace del cambio de rumbo propiciado por Víktor Yúschenko, al llegar anteriormente al poder el rusófilo Víktor Yanukóvich, haciendo que Ucrania gire la mirada hacia Europa. Ello enfrenta a dos sectores de ucranianos, los integracionistas en Europa y los que abogan por una unión con Rusia, siguiendo la estela del devenir anterior histórico reciente.
La guerra abierta en Ucrania, tras la ocupación rusa, por un cúmulo de intereses de coincidencia de las plutocracias estadounidenses con las europeas para desgajar esa parte del mundo exsoviético, hay un intento de doblegar a Rusia para los intereses de la geoestratégica del gas y el petróleo y la hegemonía mundial, en un mundo cada vez más dirigido al bipolarismo entre China y Estados Unidos. Todo ello, añadido a los intereses de la industria armamentística, como ya había sucedido en otros conflictos proxi en las pugnas por el poder mundial, de forma vicaria, desmantelando a países víctimas de dichas dinámicas como Libia, Afganistán, Irak, Siria, unido todo ello a las llamadas “revoluciones de color”. Así se ha dejado a Ucrania rota y a merced de los buitres que la sobrevuelan.
Se puede argüir que la llamada invasión rusa es ilegítima desde una visión del derecho internacional, pero lo cierto es que la actitud y comportamiento de la administración Zelensky, de agredir de forma sistemática a la zona más rusófila, así como el acoso de la OTAN a Rusia intentando poner las bases de misiles en las proximidades de sus fronteras, suscitó la preocupación de Putin y su reacción subsiguiente. Nadie entendería que se puede admitir que los enemigos de tu nación tomen posiciones de significado agresivo soportando el riesgo del ataque, y que no reaccione. Y, por tanto, parece lógica su reacción defensiva.

Pero, además, ya no es admisible la eternización de dicho conflicto con la inmensa sangría de víctimas que está conllevando. Más bien cabría un juicio sumarísimo a sus autores intelectuales, que han dirigido sus acciones con intenciones claramente ilegítimas, con los riesgos consecuentes de desencadenamiento de un salto nuclear en el conflicto.
Por ello, y aunque solamente fuera por ello, es importante el esfuerzo del actual presidente de USA de terminar la guerra y obligar a un acuerdo entre Rusia y EEUU, principales actores de los acuerdos mundiales en tal sentido. No cabe la Unión Europea en ese tratado, porque sus dirigentes no han mostrado interés alguno en el término de dicha guerra; y para no tiene sentido no tiene sentido estar en una mesa de negociación que persiga lograr la paz.
Y parece lógico lo que reclama Trump de que la Unión Europea forme su propio cuerpo de ejército, no sé si tanto para seguir integrado en la OTAN, sino para su propia defensa, que sería lo razonable. Ello obligaría a un esfuerzo fiscal, y la cuestión es que nadie puede reclamar su soberanía si depende de otros para su defensa. Una cosa y otra son inconciliables.
En resumen. Debe hacerse la paz. Ese acuerdo debe ser justo; reconstruyendo Ucrania con otros actuantes de gobernación del país y destituyendo a Zelensky, uno de los causantes de la situación que sufre Ucrania. Y estableciendo un contingente militar de la ONU que impida el rearme de Ucrania para la prosecución de la guerra. Y Europa debe proveer a su autodefensa con los presupuestos convenientes nutridos desde los países que componen la unión y salirse, en consecuencia, de la OTAN, acabando con uno de los principales condicionantes de subordinación al mundo norteamericano. Pero ya sabemos que difícil que sea así hasta que la propia Europa no se regenere políticamente terminando con la corrupción existente.

Preciso y bien explicado, gracias; constructores de la paz, esperemos que se logre parar esa guerra prefabricada.