BARCELONA EN LLAMAS

BARCELONA EN LLAMAS

‘El mundo se derrumba y nosotros nos enamoramos’. Es lo que le dijo Humphrey Bogart a Ingrid Bergman en Casablanca, y es lo que le dice Sánchez a Begoña en los mítines. Las calles de Barcelona arden mientras el líder del partido del amor, baila, ama, recita a Lorca, hace footing y se hace fotos con el Guernica. Señor Sánchez, te lo explico. El Guernica es un símbolo de los horrores de la guerra. Uno no puede fotografiarse con el Guernica y no denunciar ni actuar ante el estado de guerra que estamos viviendo en las calles.

Del amor al odio hay un paso, y estos jóvenes encapuchados están llenos de odio. Este mes se cumplen 50 años de aquel himno de la transición “Libertad sin ira”, una canción que tras ser censurada, los miembros del grupo salían a cantarla con la boca cerrada mientras el público la cantaba a pleno pulmón. Una canción que pedía la convivencia y buscaba la democracia sin violencia. Barcelona ha vivido una batalla campal. Lo sucedido no puede esconderse tras la palabra manifestación: cuando se queman las calles, se destrozan escaparates, se saquean comercios y se aterroriza a los vecinos con violencia extrema, estamos ante actos de vandalismo que deben tener consecuencias.

No son manifestantes: son delincuentes. Elementos organizados para delinquir. Cientos de jóvenes, algunos de hasta doce años. Yo a mis doce años era todavía un niño que jugaba. ¿Qué futuro nos espera con estas generaciones? ¿Cómo se acaba con esta violencia callejera? Pues mira, como con la kale borroka vasca: Que paguen los padres, que es lo que ha dicho por cierto el alcalde de Barcelona. ¿Qué no son tienen padres en España? Pues se los sube a un avión y de vuelta a su país de origen.

Ese es el resultado de una debilitación del estado de derecho. Estos actos no pasan porqué sí. Llevamos muchos años viendo como se está legitimando la violencia y se está gobernando con odio y confrontación. No hay libertad sin orden, y no hay orden sin autoridad. Ellos dicen que la autoridad es «fascista», no es así. La autoridad es garantizar las libertades de todos los ciudadanos para poder salir a la calle en paz.

Jóvenes encapuchados que convierten las calles en un campo de batalla, que queman, saquean y destrozan el fruto del esfuerzo de ciudadanos honrados. No representan a la juventud que merece España, ni a la España que queremos. La libertad no consiste en hacer lo que a uno le dé la gana, y la protesta jamás puede servir de coartada para delinquir. España necesita jóvenes con ideales, coraje y voluntad de construir. Quien destruye la ciudad de todos ataca también el esfuerzo de quienes la mantienen viva. Y ante eso no caben excusas, romanticismos ni silencios cómplices: caben la responsabilidad y la aplicación de la ley.

Frédéric Bastiat lo explicó en 1850, lo que se ve es el fuego, la destrucción, pero lo que no se ve es todo lo que ya no existirá y todo lo que ya no podrá construirse con lo que se ha destruido. Hay que ser muy miserable para aplaudir la destrucción de nuestra casa. Basta ya.

Por Martí Guarch ‎

Martí Guarch Director de cine

Martí Guarch Director de cine

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